miércoles, 26 de febrero de 2014

Epilogo, "Te he echado de menos"



Epilogo
Georg y Tom estaban sentados frente al escritorio de la directora de una casa de adopción en Berlín.  Estaban ansiosos por conocer al fin a la pequeña niña que habían decidido adoptar.
Desde que se casaron, habían estado hablando acerca de adoptar a una niña ya que Tom no podía tener más hijos. Los hablaron con sus amigos y ellos estuvieron de acuerdo en que adoptar a una recién nacida era lo mejor que podían hacer.
—Estoy nervioso Georg. —susurró Tom al ver que la mujer no llegaba.
—Lo sé, pero cálmate, ya pronto la tendremos en nuestros brazos.
Tom asintió y esperó pacientemente hasta que la mujer pelirroja llegó a la oficina con un pequeño bebé envuelto en una manta rosada. De inmediato Tom se levantó para cogerla en brazos y mirar lo hermosa que era. Rubiecita, con los ojos grandes y azules.
—Es preciosa. —dijo acercándosela a Georg. — Krystal.
—Es muy bella. —Georg le besó la rubia cabecita y luego a Tom— nuestra hija.
La directora de la casa de adopción les dijo algunas cosas y luego los dejó irse con la pequeña bebé.
En el camino a casa, Tom estaba al pendiente de cada detallito de su ahora hija, Krystal. Era tan bella como las estrellas, brillante como un sol. La niña tenía las mejillas ruborizadas y los ojos abiertos de par en par. Era una niña bastante avispada a su pensar.
Georg no cabía dentro de sí. Adoraba ver el rostro de su ahora marido iluminado por el amor y la felicidad de tener un nuevo bebé en la familia. Pensó en lo que su hijo mayor pensaría al ver a su nueva hermana. La adoraría, de eso estaba seguro.
Había pasado ya un año y medio desde que Tom y él decidieron darse la oportunidad y empezar una nueva vida siendo esposos. La boda había sido preciosa y la más romántica. Sus padres aceptaron la relación, al igual que sus abuelos y el resto de su familia que vivía en Holanda. Aún recordaba como si hubiera sido ayer, cuando le presentó a Tom y a Moritz  a sus abuelos. ¡Había sido una locura!
Era de junio, recordaba. La casita en el campo de sus abuelos estaba abarrotada de flores y pasto verde. Tom y él caminaban junto a Moritz hasta llegar a la puerta de la casa. El menor estaba un poco nervioso de tener que ver a Karla.
— ¿Y sí tu madre vuelve a querer separarnos? —preguntó Tom deteniéndose y cargando a Moritz. —No quiero que le haga daño a nuestro hijo, no quiero verle sufrir.
Él entendía todos sus temores pero estaba seguro que su madre esta vez no podría hacer nada. ¿Para qué meterse en algo que ya no es de su incumbencia? Ya estaba bastante grandecito.
—Mírame amor. —Georg le cogió la mano, depositando un pequeño beso en ella. — no permitiré que mi madre nos separe de nuevo, así como tampoco voy a permitir que le haga daño al niño.
Sonrió al ver a Moritz mirarlos con el ceño fruncido.
— ¿Por qué dicen eso? Yo creo que mi abuela y abuelo me van a querer mucho. Soy un buen niño.
Georg le besó la frente. Su hijo era bastante avispado y no se le escapaba nada.
—Estás en lo correcto hijo, eres un niño bueno y por eso a lo que entres en la casa van a querer comerte a besos.
Tom no parecía muy convencido. Tocaron la puerta y al abrirse, frente a ellos, estaba Paul sonriendo, al verlos esa sonrisa se volvió más grande, se convirtió en lágrimas cuando miró a Moritz viéndole fijamente.
— ¡Ay santo Dios! Mi nieto es idéntico a ti cuando eras pequeño. —exclamó extendiendo sus brazos para cargar a Moritz.
Georg sonreía mientras apretaba suavemente la mano de Tom para tranquilizarlo. Moritz tocaba con curiosidad la pequeña barba de su abuelo y reía. Paul comenzaba a envejecer y tenía la barba blanca.
—Yo soy tu abuelito Paul, es una alegría verte.
—Mi abuelo se parece a Santa. —rió alto palpando el cabello blanco.
—Hola señor Paul. —Dijo Tom en voz baja, se vio obligado a hablar un poco más duro. — es un gusto verle después de tanto tiempo.
—Llámame papá, suegro o como desees, no me hables tan formal ahora que eres el casi esposo de mi hijo.—sonrió acercándose a él y pasándole un brazo alrededor del cuello para envolverlo en un abrazo.— gracias por  perdonar a mi hijo, tenía mucho tiempo que no lo veía sonreír, ni estar feliz como hoy.
La expresión de Tom fue de sorpresa y alegría. Lo abrazó fuerte y al separarse besó la mejilla de su hijo, él parecía muy emocionado de estar en brazos de su abuelo. Al adentrarse más a la casa se encontraron con Michael, quien al ver a Tom corrió hacia él y le abrazó la cintura emocionado.
— ¡Tom, Tommy!
El niño estaba demasiado emocionado.
—Estás tan grande Michael. —dijo Tom emocionado también.
Michael ya tenía seis años y medio, era bastante alto y delgado para ser un pequeño niño.  Su cabello rubio ahora iba cortísimo, y se le empezaba a notar el parecido que tenía con su hermano mayor.
—Estoy contento de verte aquí. —le sonrió deshaciendo el abrazo. — te extrañé mucho.
—también estoy contento de verte bebé.
—Ya no soy un bebé, soy un niño grande. ¿No me ves? —él rió.
—Ya lo veo. —Tom le besó la frente.
Michael miró a Moritz en brazos de su padre y alzó una ceja.
—Hola. —dijo Moritz haciendo el mismo gesto que su pequeño tío.
Georg los miró sonriendo.
—Moritz, él es tu tío Michael. —Miró a su hermano menor— Michael, el es mi hijo Moritz.
Los niños se miraron fijamente por un largo rato. Paul bajó a Moritz y se siguieron mirando hasta que fue Michael quien corto la conexión.
— ¿Y porque no me habías dicho que yo tenía un amigo para jugar? —sonrió. — Vamos a ver a mis abuelos Moritz.
—Es que yo tampoco lo sabía. —susurró para nada más ser escuchado por Tom.
Tom puso los ojos en blanco.
—Vamos a la sala, allá están mamá y papá. —sugirió Paul.
— ¿Dónde está mamá? —preguntó Georg.
La sola mención hizo que Tom se tensara un poco.
—Viene en un rato, dijo que iba a comprar algunas cosas para darte la bienvenida. —Paul volteó a ver hacia donde se dirigían los pequeños y vio que iban directo a su despacho. — ¡Michael al despacho no! —miró a su hijo— si me disculpan un momento iré a traer a los nuevos amigos, ya sabéis que estáis en vuestra casa así que vayan con papá y mamá.
Georg sonrió asintiendo y caminó pero algo lo detuvo. Tom estaba muy tenso y no quería caminar. El mayor lo abrazó y le acarició los hombros susurrándole al oído.
—Escúchame Tom, tranquilízate, te amo y eso no lo va a cambiar nadie.
Tom asintió y caminó junto a su futuro esposo con la mayor seguridad posible. En la sala estaban los abuelos de Georg, dos viejitos preciosos de cabello blanco como la nieve. La mujer mayor, Teresse, se levantó y caminó hasta su nieto para abrazarlo.
—Mi pequeño Georgito, te extrañé tanto mi pequeñito.
—Abuela…—dijo él sonrojado.
El abuelo Stuart se levantó también y se les unió al abrazo.
—Es un gusto volverte a ver por aquí.
—Yo también les extrañé mucho a los dos. —los besó en la frente a cada uno. — hoy he venido a presentarles a dos personas que sé que van a amar y querer muchísimo, casi como yo los quiero. —miró a Tom sonriendo enternecido por lo que estaba viendo.
Los abuelos miraron a Tom. El viejo Stuart lo miraba con el ceño fruncido y la adorable Teresse con ojitos de amor y dulzura.
El padre de Georg entró con Michael y Moritz en ambos brazos.
—Estos dos ya se aliaron. —rió. 
—Abuelo, abuela, él es mi novio Tom. —El castaño jaló a Tom hacia ellos.
El abuelo Stuart no parecía sorprendido, tampoco parecía contento, ni siquiera expresivo. En cambio la abuela Teresse sonrió amable y le abrazó.
—Bienvenido a la familia corazón. —le besó la mejilla.
—Muchas gracias señora Teresse. —se sentía ruborizado y el nerviosismo estaba desapareciendo.
— ¿Abuelo?
El viejo Stuart tenía una ceja alzada detallando a Tom. Todo se quedó en silencio esperando lo que el patriarca de la familia iría a decir.
— ¿Papá? ¿Vas a decir algo?
Teresse codeo el brazo de su esposo. — Stuart, no mires al niño así, pensara que lo quieres matar.
—Sé que podrá parecerte raro abuelo, pero le amo y tenemos algo que nos une y nos hace inseparables.
Stuart asintió sonriendo.
—Veo el amor en sus ojos. —le dio la mano a Tom y le abrazó como si de un padre se tratara. — bienvenido a casa Tom.
—Muchas gracias señor Stuart. —sonrió ampliamente.
—Y él es mi hijo Moritz.
Moritz dio un paso al frente y se escondió detrás de la pierna de su papá, se sentía un poco temeroso y avergonzado con sus abuelos mayores.
—Nos alegra tanto saber que tienes descendencia. —dijo Stuart mirando al niño. — ven pequeño, el abuelo Stuart quiere conocerte.
—Mi niño, no tenga pena. —dijo Tom jalando un poco a Moritz para que se despegara de su pierna.
Teresse se le acercó y se sentó en una silla para poder ponérselo encima.
—Eres tan lindo y cachetón. —sonrió mirando a Georg y a Tom. — es tan parecido a Georg pero también tiene mucho de Tom.
Georg frunció el ceño porque pensaba que sus abuelos no sabían que el niño había sido engendrado en el vientre de Tom.
—Sin duda alguna, hacéis niños lindos. —Dijo Stuart acercándose al niño. — soy el abuelo Stuart.
Moritz le dio la mano ya sin temor. —Hola abuelo Stuart, yo soy Moritz Listing.
—Un placer y una emoción conocerte.
Tom estaba ruborizado por el último comentario del abuelo Listing. Estaba tan feliz que no cabía dentro de sí.
Quince minutos después de que la presentación terminara y todos se sentaran a platicar, la madre de Georg, Karla, hizo su aparición. El único que se tensó fue Tom, al verla el recuerdo de todo lo que había pasado antes llegó a su mente, por ella fue que Georg le había abandonado.
—Buenas Tardes. —dijo mirando a todos los presentes, pero centrando su mirada en el niño castaño que estaba sentado al lado de su hijo más pequeño.
—Mamá. —dijo Georg muy bajo. Le agarró la mano a Tom apretándola suavemente. Su madre no sabía que Tom había tenido un hijo.
—Karla, que bueno que llegaste. —dijo Paul levantándose para besarla y encaminarla hacia donde él había estado sentado.
Georg se levantó para abrazarla, ella le correspondió pero estaba distraída por el niño.
—He traído a Tom conmigo. —se devolvió a su asiento.
—Lo he visto. —dijo mirando a Tom. Dejó escapar un suspiro y le saludo. —Hola Tom, ¿cómo estás?
Tom se sorprendió de lo dócil que estaba la mujer. Entró en confianza sonriendo.
—Estoy bien, gracias ¿Y tú?
—Igual, gracias. —Ella y Moritz se miraron a los ojos. — ¿quién es ese niño?
—Mi hijo Moritz. —dijo Georg de sopetón.
Karla miró a su hijo con expresión de sorpresa. Paul regañó a Georg por ser tan sutil. Moritz fue hacia Tom y se le sentó en las piernas.
— ¿Cómo qué tu hijo? Pero con quién los has tendido, pensé que sólo estabas con Tom. —dijo ella en voz alta.
—Mejor nos vamos Moritz. —dijo Tom levantándose con su hijo en brazos.
Georg los detuvo. —Quédense ahí por favor. —Miró a su madre— Tú como médica debes saber que en nuestros cuerpos a veces hay cambios, que hay cosas con las que nacemos y es poco tiempo después cuando nos damos cuenta. Tom quedó embarazado de mí antes de que yo me viniera a Holanda, Moritz es mi hijo y suyo.
— ¿Eres hermafrodita? —preguntó incrédula.
Tom negó con la cabeza. —No Karla,  tenía un útero, trompas y todo eso, ovulaba como mujer, pasa que todo estaba dentro de mí, yo tengo mi aparato masculino normal.
—Ay Dios Mío. —ella se sentó agarrándose la cabeza.
—Y mamá, ya sé que te es difícil aceptar todo esto pero no permitiré que nos apartes de nuevo.
Karla alzó la mirada viendo  a Moritz, él estaba mirándola también.
—O sea que tu hijo es un milagro. —Dijo finalmente— un enorme milagro.
A Tom le alegró que ella pensara así.
Georg se sorprendió por ello.
—Mi nieto es un grandioso milagro. —dijo levantándose y acercándose a Moritz.
Moritz le sonrió. —Hola.
—Hola pequeño. —se puso de rodillas y lo abrazó con fuerza. — mi nieto.
Todos estaban atónitos por la reacción de Karla, a pesar de que era buena, no era la que se esperaban.
Karla se apartó de su nieto mirándolos a todos.
—Ya sé que les sorprende mi reacción pero he entendido muchas cosas a lo largo de estos años y mucho más cuando Georg decidió irse a buscar a Tom. —besó la manito de Moritz. — y sé que también se preguntaran porqué digo que él es un milagro, él es un bebé único. Hace unos días atendí el primer parto masculino en Holanda, y el niño nació pero murió en mis brazos. El saber que Moritz logró sobrevivir me llena de emoción y amor. Perdónenme los dos por haber sido tan cerrada con respecto a su amor, yo sé que obré mal pero ya he pagado mucho por ello.
Georg se arrodilló junto a su madre y la abrazó.
—Te perdono por todo, mamá. Saber que esta vez si me apoyas es emocionante y me llena de alegría.
Tom estaba llorando. —Gracias señora Karla.
—Les deseo una felicidad grande. Ya ustedes me la han dado a mí con este niño. —sonrió acariciándole la mejilla a Moritz.
—Gracias mamá.
— ¿Y a mí nadie me quiere? —dijo Michael levantándose del suelo y corriendo a los brazos de la abuela Teresse.
Todos rieron y se turnaron para darle mimos Michael también, sin duda alguna ese día había sido de locos.
***
Tom y Georg llegaron a casa dándose besos y arrumacos mientras cargaban a su hija. Cuando entraron se encontraron un enrome cartel que decía “Bienvenida a casa Krystal” firmado con las manos de Moritz, las de los mellizos de Gustav y las patas de Scotty, a quien habían traído a casa después de años estando con Simone.
Todos estaban reunidos en el salón principal. Gustav estaba acomodando la ropa de Giordano y de Moritz, Raven estaba al lado de Gustav con la pequeña Mariana aplaudiendo, Jörg estaba ahí con su nueva novia feliz de estar ahí, y Bill estaba sentado en el sofá con una castaña bastante simpática.
— ¡Al fin ha llegado mi hermanita! —gritó Moritz corriendo hacia sus padres para que le dejaran ver a la niña.
Tom se puso a la altura de su hijo y le mostró a la pequeña que dormía tranquila y de vez en cuando sonreía como si le estuvieran haciendo cosquillitas.
—Krystal por fin está en casa mi amor. —sonrió viendo como Moritz la miraba enamorado.
—A ver a esa gorda. —Dijo Raven acercándose— ¡Esta preciosísima Tom! ¿Puedo cargarla?
—Claro que sí. —Besó la frente de Moritz— voy a dársela a la tía Rav y luego te la doy a ti ¿vale?
—Está bien papi. —El niño se fue a los brazos de Georg, su padre lo cargó.
— ¿Te gusta tu hermanita hijo?
—Es muy linda papi. —sonrió viendo que todos querían agarrar a la niña. — y es mía.
Georg sonrió viendo como todos le daban amor a la niña que poco a poco se fue despertando hasta tener sus enormes ojos azules de par en par. Veía a Tom tan feliz que eso le llenaba más que nada en el mundo.
—Me alegró por ustedes hijos, tengo una nieta bellísima. —Dijo Jörg acariciando el rubio cabello del bebé en sus brazos.
—Y nada más falta que yo te de los míos. —mencionó Bill acariciando la mano de la chica que todavía no había presentando. —Ella es mi novia Alejandría.
Ella se presentó con todos. Cada uno estaba sorprendido de ver que Bill por fin tenía una novia. Raven fue la más feliz de todos, ella se alegraba de que Bill por fin fuera feliz con alguien.
—Esto es motivo de celebración. Tenemos que celebrar que Krystal está en casa y que Bill tiene novia. —dijo Georg sacando las copas y la champaña. — que por fin la tiene, ya estaba pensando que tiraba para nuestro bando.
Todos rieron. Bill le dio un puñetazo en el brazo riendo.
—Eres un tonto Georg. Oye Tom ¿Por qué te casaste con este hombre que tiene por cerebro una pesa?
—Porque lo amo, por eso me casé con él aunque no tenga un cerebro desarrollado. —rió viendo a Georg serio. —sabes que te amo amor.
Georg lo besó en los labios y sirvió las copas.
—Ya ves, él me ama y eso es lo importante.
***
En vacaciones, Tom y Georg, decidieron llevarse a sus hijos a vacacionar a España. Decidieron tomarse un largo descanso y estar juntos como familia. Krystal ya tenía nueve meses de edad y le gustaba mucho estar jugueteando con sus padres.
Desde la adopción de la niña, la relación había subido un escalón grande. Estaban más unidos y a Tom le encantaba que Georg le ayudara a cuidar de Krystal y de Moritz. Nunca antes en su vida se había sentido tan cómodo y feliz.
Tenía todo lo que había deseado. Una familia unida, un esposo maravilloso, dos hijos hermosos y la reconciliación con su madre. Simone por fin había aceptado su error y aunque no eran tan unidos como desde pequeños, ella le visitaba algunas veces y compartía con sus nietos.
Como matrimonio, él y Georg funcionaban bien aunque a veces tuvieran peleas fuertes por algunos desacuerdos que todavía existían. Eran normales como toda pareja. El amor los había cambiado para bien a los dos, el pasado estaba borrado y el presente era su única meta. Cada vez que estaban lejos el uno del otro, se echaban de menos.
«Si tienes amor, no necesitas poseer nada más. Y si no lo tienes, entonces no importa mucho lo que poseas.»  J.M. BARRIE

miércoles, 19 de febrero de 2014

Fic "Te he echado de menos" TORG Capitulo XXXI



Capitulo XXXI
Mientras alistaba sus cosas para irse a casa. El castaño se percató que alguien estaba observándolo desde la puerta de la sala de casilleros en donde los médicos guardaban sus cosas. Levantó la mirada poniéndola fija en la mujer que apareció en su campo visual.
Para su sorpresa era Hannah.
—Hola Georg. —se acercó ella a pasos agigantados.
Georg se incomodó. Ella no le caía mal, pero desde que vivía con Tom no podía soportarla.
—Hola.
—Sé que te preguntas que hago aquí, pero sólo quería decirte que tienes que volver con Tom.
Vale, eso él ya lo sabía. Lo deseaba pero era Tom quien no quería estar con él.
—Deberías de decirle a él que me dé la segunda oportunidad, pero por lo visto no vas a hacerlo porque le amas y porque, me vas a disculpar, eres una tonta enamorada de alguien que ni siquiera siente atracción física por ti.
Eso había dolido, pero Hannah ni se molesto en decir algo.
—Sé que Tom no me quiere, sé que nunca lo hará porque al único que quiere y desea es a ti. Lo que pasa es que el orgullo y el temor de que todo salga mal aún está alojado en su corazón. No me duele que me digas todas estas cosas, porque yo ya las sabía.
—Si sabes que no te quiere ¿Para qué estás con él? —preguntó algo molesto.
—Yo ya no vivo con él desde ayer, me contó lo que tú le dijiste y decidí dejarlo porque no soporté tanto. Pensé que él llegaría a quererme un poquito, pero no es así, no puedo obligar a una persona que ama a otra a quererme a mí.
—No pareciera que me amara todavía. Se niega rotundamente a darme una segunda… —recordó que no era la segunda, era la tercera— oportunidad.
—Tenle paciencia Georg, está dolido todavía, ya te lo dije. Pídele matrimonio.
Ella se dio la vuelta y antes de que Georg dijera otra cosa, se fue.  ¿Matrimonio? Claro, eso haría… Seguramente Tom le pondría el anillo por la cabeza y lo mandara a contar pajaritos en el parque.
***
—Está preciosa la niña. —sonrió Tom cargando a la pequeña Mariana en sus brazos.
Era una niña preciosa, de mejillas grande y tan rubia como su padre Gustav. Se parecía muchísimo a Raven pero sus ojos marrones eran idénticos a los de su papá.
—Lo sé, y mi varoncito también lo está. —Dijo Gustav acercándose a él con el pequeño Giordano en brazos.
—Estoy tan feliz por ustedes chicos. —le pasó la niña a Raven y suspiró. Él habría deseado tener una niña después de Moritz.
—Siento que estas pasando por algo triste. Cuéntame. —Raven se acomodó en la cama para amamantar a la niña.
Bill hizo su acto de presencia sentándose a un lado de Gustav. Ellos tenían una buena relación a pesar de que Bill todavía amaba a Raven.
—Hoy fui al hospital para descartar un embarazo.
Los presentes abrieron los ojos como platos.
— ¿¡Qué!?
Tom puso los ojos en blanco.
—Sabía que iban a gritar de esa manera cuando se los mencionara.
— ¿Estás embarazado de nuevo Tom? —preguntó Bill sorprendido.
—No puedo creer que sucediera, yo pensé que…
El moreno interrumpió a Gustav.
—No lo estoy, cálmense dramáticos. —suspiró. — la prueba de embarazo dio negativo, mis síntomas se deben a una baja de plaquetas y algo de estrés, desde que Georg está aquí es lo único que he tenido.
Bill pareció aliviado. —No mal interpretes mi alivio pero me alegro que no estés en embarazo de Georg, no quiero verte sufrir de nuevo.
Gustav frunció el ceño. Él si creía en la palabra de Georg y le molestaba un poco que Tom fuera tan cabeza dura y se negara a aceptarlo.
—Yo también estoy aliviado de no estar embarazado.
— ¿Hay algo más que quieras decir Tom? —preguntó Raven.
—Me encontré con Georg y Moritz le dijo que era lo que estábamos haciendo en el hospital. Él se emocionó tanto ante la idea de tener otro hijo que me hizo pensar que de verdad quiere estar conmigo. Me llevó arrastra al consultorio de la ginecóloga pero tuve que decirle que los resultados eran negativos.
Bill iba a hablar pero Gustav se adelantó.
—Sé que no quieres escuchar consejo de nadie, pero te puedo decir que Georg todavía te ama. Me ha confesado todo y con lágrimas en los ojos me ha dicho que te ama, pero eres tú quien no se quiere dar la oportunidad de sanar las heridas del pasado. El pasado se queda atrás, el futuro es lo importante y tu hijo merece tener a sus dos padres amándose, porque aunque te cueste aceptarlo tú amas a Georg.
—Pero Tom no tiene porque…
El moreno interrumpió a su hermano. —Quizás sea muy cierto lo que tú dices Gustav, tal vez él me ame y yo lo ame pero ya nada es lo mismo.
—Sí no te arriesgas a darle una oportunidad de nuevo, no vas a saber sí en verdad cambió o no.
***
Tom disfrutaba de su pequeño escape de la vida cotidiana. Se encontraba en un spa esperando para que le dieran un masaje y relajar su cuerpo de todas las tensiones y el estrés que le estaba provocando pensar en la decisión que tenía que tomar acerca de Moritz y Georg.
Era mejor no pensar en eso mientras se acostaba boca abajo en la camilla y se relajaba con la música y el aroma a frutilla que había en el lugar.
Ese lugar que le recomendó Raven era precioso y le encantaba la atención que le dieron desde que había puesto un pie en el establecimiento.
Cerró sus ojos, sintió la puerta abrirse y supo que la masajista había llegado. Él no podía verla pero podía sentir sus pasos. Cuando estuvo cerca sintió que vertía aceite sobre su espalda desnuda y comenzaba a masajearle. Eran manos de una Diosa, aunque se sentían un poco ásperas y grandes, como si fueran de un hombre. Pero que le importaba ¡Le estaba dando el mejor masaje de su vida!
—Oh mi Dios, esto es bastante relajador. —dejó escapar un pequeño gemido.
—Me encanta escucharte gemir así.
Tom se tensó al escuchar esa voz masculina y se levantó pegando un saltó que provocó la caída de la toalla que cubría su desnudez.
— ¿Georg? ¿Qué puta mierda haces aquí? —dijo impresionado recogiendo la toalla para colocársela.
— ¡No te la pongas! Venga, me encanta verte desnudo eres como una escultura Italiana combinada con una griega. ¡Eres perfecto!
Eso lo hizo ruborizarse. Desde que tuvo a Moritz dejó de sentirse seguro con su cuerpo. A pesar de que no tenía ni una sola estría y su abdomen era casi tan plano como antes.
Él estaba demasiado sorprendido de encontrar a Georg ahí.
—No digas esas cosas. ¿Qué haces aquí?
—Estoy tratando de reconciliarme contigo. De aquí no podrás salir hasta que lleguemos a algo, tengo la jodida llave y pues no dejaré que te me escapes. Puedes gritar, puedes decirme todo lo que desees. —Georg estaba decidido a reconciliarse.
Tom quería huir de ahí pero sabía bien que era un acto de cobardía. Suspiró dándose por vencido, se sentó en la silla al lado de la camilla y miró a Georg
— ¿Qué quieres de mí? Quiero que me digas lo que exactamente quieres para cumplirlo. Yo lo único que deseo en esta vida es que tú me digas que me amas de nuevo, que me des la oportunidad de estar junto a ti otra vez. ¿Es eso mucho pedir? Quiero que te desahogues, que me golpees si así lo deseas.
Las palabras de Georg sonaban sinceras. Tom se levantó y se acercó a él dejando poco espacio entre ellos. Iba a decirle toda la mierda y el amor que tenía por dentro.
—Sé que siempre te lo digo pero tú destrozaste lo que quedaba de mí, me hiciste frío, temeroso, tonto, llorica, estúpido y no podría parar de enumerar todo lo que hiciste conmigo.
—Lo siento. —Suspiró.
—Pero por más que intento odiarte, que deseo sacarte de mi corazón no puedo y eso me molesta más de lo que puedes imaginar.
—Pero te he pedido perdón, te he dicho que quiero estar contigo y nuestro hijo. —Georg lo abrazó besándole el hombro. — Te amo, no sé de qué otra forma te lo tengo que decir.
Tom apretó los puños por unos segundos. Iba a ceder, sentía su corazón y su mente poniéndose de acuerdo, quería estar con Georg, lo amaba, lo amaba más que a nada en el mundo. Sus manos fueron a parar justo en la cintura del mayor.
Más allá de todo lo malo, estaba Moritz y él se lo merecía por ser tan buen hijito. Y uno también necesita perdonar a los demás para ser feliz. El rencor y el dolor del pasado sólo te trae amargura y más sufrimiento.
—Yo te amo Georg. —el llanto se hizo presente. — te amo como jamás voy a amar a nadie.
Georg se sintió emocionado y al borde de las lágrimas también.
—Somos unos malditos lloricas pero joder. —las lágrimas se le escaparon junto con una pequeña risa. — ¿De verdad me estas perdonando y aceptando? No juegues conmigo.
—Lo estoy haciendo. —rió Tom alzando su mirada para encontrarse con la de Georg.
—Te amo tanto que mi corazón explotara en algún momento. —lo besó repetidas veces en los labios.
Tom recibió cada uno de esos besos que anhelaban su cuerpo y su corazón. Enterró su rostro en el cuello de Georg y respiró todo su aroma masculino. Lo quería tanto, tanto.
Georg recibió aquel movimiento como una señal clara de que harían el amor en ese lugar. Era lo que ambos estaban deseando más que nada en la tierra, estar unidos.
Con un movimiento rápido, el castaño se deshizo de la toalla que llevaba Tom sobre sus caderas, lo observó detenidamente y le acostó sobre la camilla porque iba a besarle cada parte de su cuerpo.
Tom se sintió un poco apenado pero se relajó y miró como Georg dejaba plantado besos sobre su pecho y el puente que cruzaba su ombligo y vientre. Estaba tan excitado. El mayor llegó hasta su miembro y le dio un leve tironcito para luego metérselo en la boca, demasiado a gusto con aquello.
—Oh Georg…—gimió bajito levantando una pierna y bajando la otra. Iba a ver estrellitas.
El mayor se deleitó saboreando el pene de Tom como si de un chupete se tratara. Le gustaba su sabor. Lo chupó, lo mordisqueó y sintió las piernas de Tom temblar cuando el orgasmo llegó y él, por primera vez en su vida, tragó todo el semen.
—Pe-perdón…—susurró Tom apenado, era tanto su placer que no le había dado tiempo de avisar que se corría.
Georg sonrió sin darle importancia y se limpió la boca quitándose toda la ropa. Su erección saltó hasta su ombligo y luego la puso apuntando directamente el rostro de Tom. Ambos se rieron.
—Hazme el amor como sólo tú sabes que me encanta. —dijo sentándose y atrayendo a Georg hasta besarle los labios.
El beso se hizo demasiado largo. Sus cuerpos estaban ardiendo mientras se rozaban el uno con el otro. Georg le quitó la coleta que Tom tenía puesta y acarició su largo cabello lacio, debajo de él había más o menos cuatro rastas y sonrió.
—Me encanta tu cabello pero te prefería con rastas.
—Me encantaba tu cabello largo pero decidiste deshacerte de él. —suspiró. Una de las cosas que más le había atraído del Georg que había pasado la pubertad, era su cabello largo.
—Lo corté porque era necesario, en la facultad me pidieron que lo hiciera. —bajó hasta sus clavículas mordisqueándolas y dejando pequeño chupetones.
—Déjatelo crecer, quiero verlo largo de nuevo. —gimió.
Georg asintió alzando las caderas de Tom y con dos dedos dilató al joven para entrar en él. Tom se arqueó cerrando sus ojos y sintió como su amor entraba lentamente haciéndole temblar.
El movimiento fue lento para disfrutar del momento. Lo único que reinaba en aquel pequeño cuarto era el amor y la pasión de dos amantes que se adoraban. Sus movimientos se acoplaron y entraron en un frenesí.
Tom miraba a los ojos de Georg y él miraba los suyos, su conexión era poderosa y mágica.
Los minutos pasaron demasiado lentos y fue Tom quien se corrió primero derramando su semilla en su vientre. Georg tardó un poco más sintiendo como Tom apretaba su pene con fuerza. Estaba tocando el cielo. Se corrió derramándose completamente dentro de él.
—Te amo. —susurró Georg besándole los labios.
—Te amo con todo mi corazón, mi alma y mi  cuerpo. —El moreno suspiró cerrando sus ojos, abrazando al castaño.
Georg dejó caer su cuerpo sobre el de Tom sin salir de su interior. Él cerró sus ojos también y se quedaron dormidos.
Ese había sido el mejor sexo de reconciliación del mundo. Ahora lo único que quedaba por hacer era ir a casa y darle la buena nueva a todo el mundo.
***
Después de salir del spa la parejita se dirigió directamente hasta la casa para contarle todos que ya el dolor se había acabado y que estaban juntos.
Tom estaba un poco nervioso por la reacción de Bill, él no lo aceptaría tan fácil.  Más allá de él, sabía que Moritz estaría contento.
— ¿Estás nervioso? —preguntó Georg tomándole la mano y besándola.
—Un poco, pero que el que más me importa es Moritz. —Sonrió— se pondrá feliz de saber que sus papás están juntos.
Georg asintió sonriendo también. — Sé que sí. Además de que eso le hará pensar en tener un hermanito.
El castaño insistía en querer tener otro hijo. Eso de que no se podía no lo había creído mucho. Le hacía ilusión pensar en Tom embarazado.
Por su parte Tom sintió un yunque caer en su cuerpo. Georg no lo entendía cuando le había dicho que no podía tener más hijos. Una lágrima rebelde bajó por su mejilla derecha y la limpió rápido.
—Georg, ya te dije que no puedo tener hijos.
— ¿Por qué? cuando te lo pregunté no me lo quisiste decir delante de Moritz.
Tom recordó lo que le había dicho el doctor después del nacimiento del niño.
“Señor Kaulitz, debido a una pequeña complicación en la cesárea, tuvimos que remover el útero. Usted ha quedado libre del aparato reproductor femenino por ende no podrá tener más hijos”
Su corazón se alegró en el momento pero también sintió pesar porque había imaginado que tal vez algún día podría tener una niña a la que llamaría Krystal.
—Cuando me hicieron la cesárea tuve una pequeña complicación y tuvieron que sacarme todo, por eso ya no puedo tener más hijos.
Georg se sintió mal por aquello pero lo aceptó con pesar.
—Entiendo. —suspiró, él quería tener otro hijo.
—Perdóname por no poder darte otro hijo.
—No me pidas perdón por nada Tom, ya me diste uno al que amo con todo mi corazón. Sólo que me hacía ilusión verte embarazado. ¿Nunca tomaste alguna foto estando embarazado?
Tom sonrió un poco.
—De cada mes que llevé a Moritz en mi vientre, ya en las últimas se me ve como una gran ballena embarazada.
—Jajaja me encantaría ver eso.
Llegaron al departamento de Gustav y ahí se encontraban todos. Bill estaba dándole el biberón a Mariana y Gustav estaba dándole el biberón a Giordano, Moritz se encontraba a su lado acariciando el pie del niño.
—Quiero uno así tío Gustav. —el niño beso el pie desnudo del bebé.
Tom hizo un mohín viendo a su hijo y se le acercó besándole las mejillas. No podía prometerle uno.
—Oh mi bebé. —suspiró y luego miró a su hermano. —Tengo una noticia que darle.
—Tenemos. —dijo Georg entrando en la sala, colocándose frente a todos.
—Tenemos. —repitió Tom cargando a Moritz en sus brazos y acercándose a Georg, tenían que dar la noticia en familia.
Bill dejó de darle el biberón a la niña y se la colocó en el hombro para sacarle los gases mientras miraba a su hermano. Ya sabía por dónde iba todo.
—Tal vez les sea extraño vernos a Georg y a mí juntos. —Tom miró al castaño sonriendo. — pero hemos limado asperezas y admitimos que nos amamos. Los errores del pasado ya más nunca nos van a quebrar. Hemos decidido que nos vamos a dar otra oportunidad para ser felices, por nosotros y por el hijo que tenemos. —besó la mejilla de Moritz.
El niño miró a sus dos padres y los abrazo de manera emotiva.
— ¡Sí! —los besó a ambos.
Tom y Georg se conmovieron por la eufórica respuesta de su pequeño hijo.
—Estoy feliz por ustedes. —dijo Bill dejándolos sorprendidos a todos. — Y no me vean así, después de analizar todo lo que ha pasado y el cambio de Georg, me di cuenta que mi hermano merece estar con quien ama y le ama. Y si Georg vuelve a cagarla esta vez sí lo voy a matar.
Todos rieron.
—Gracias por darme el voto de confianza y de una vez la advertencia. —dijo Georg.
—No hay de qué.
—Bueno basta de cháchara, vamos a brindar por ellos. —Raven llegó con cuatro copas llenas de champaña y dos de jugo de durazno. Las repartió tomando la de durazno para ella y pasándole la otra a Moritz. — para Momo y para mí jugo porque pues somos los niños.
Georg cargó a Moritz.
—Claro que sí. —Rió alzando su copa— brindo por la felicidad de Tom y mía, que seamos felices siempre.  Y que en el matrimonio nos vaya bien.
Todos hicieron silencio. Tom miró a Georg con los ojos bien abiertos. ¿Matrimonio?
— ¿Creías que nos íbamos a vivir juntos y ya? Sí vamos a ser una familia, seremos una familia completa, con todas las de la ley. —sonrió dejando a Moritz en el suelo. Sacó una cajita de su bolsillo y se arrodilló. — ¿Te quieres casar conmigo?
— ¡Papi dile que sí! —gritó Moritz dando un pequeño saltito.
—Ay Dios, pero yo tengo que grabar esto. —dijo Raven emocionada.
—Ya lo estoy haciendo desde el principio, sospeché que sucedería. —dijo Gustav grabando con su celular.
Tom no los escuchaba a ellos. Estaba tan emocionado que se le había olvidado que tenía que responder.
— ¡Acepto! —gritó.
Georg se levantó y lo besó hasta dejarlo sin alientos. Luego le colocó el anillo sonriendo.
—Pensé que dirías que no.
— ¿Estás loco? Siempre quise esto.
—Ahora sí podemos chocar las copas. —dijo Bill levantándose y levantando su copa. — por la nueva familia.
—Por la nueva familia. —dijeron todos.